Parar para escucharte, un acto de libertad.
Todo va deprisa. ¿Y tú?
Vivimos en una época que premia la velocidad. Respondemos mensajes mientras comemos, encadenamos reuniones sin pausa y llegamos a la noche con la sensación de no haber estado en ningún sitio.
Tenemos aplicaciones para medir los pasos, el sueño y la productividad. Pero casi nadie se pregunta algo mucho más sencillo: ¿cómo estoy de verdad?
En más de 30 años acompañando a personas he visto una y otra vez la misma paradoja: tenemos tiempo para todo y para todos, menos para escucharnos. Y lo que no escuchamos no desaparece: se acumula, se expresa en el cuerpo, en el ánimo y en las decisiones que tomamos sin darnos cuenta.
Vivir en automático
Cuando no nos escuchamos, vivimos en piloto automático. Reaccionamos en lugar de elegir. Cumplimos expectativas que ni siquiera sabemos si son nuestras.
En mi trabajo parto de una secuencia muy clara: primero pensamos, después sentimos, luego aparece una actitud y esa actitud genera un resultado. Ese primer pensamiento suele ser inconsciente. Por eso a veces sentimos algo sin saber de dónde viene, como si la emoción llegara antes de pensarlo conscientemente.
Si nunca nos detenemos, esa cadena funciona sola. Un pensamiento como "no llego" o "tengo que poder con todo" despierta ansiedad, la ansiedad nos lleva a una actitud de exigencia y la exigencia produce agotamiento. Y vuelta a empezar.
No es falta de voluntad. Es falta de escucha.
Parar no es rendirse
Nos han enseñado que parar es perder el tiempo. Que quien se detiene se queda atrás. Que descansar hay que ganárselo.
Pero parar no es abandonar. Parar es recuperar el mando.
Escucharte significa darte un momento para preguntarte qué estás pensando, qué emoción despierta ese pensamiento y qué actitud está generando en ti. Significa reconocer lo que sientes sin juzgarlo, sin taparlo y sin salir corriendo a la siguiente tarea.
En ese espacio, por pequeño que sea, ocurre algo fundamental: dejas de ser una reacción y vuelves a ser una persona que elige. Esa es la libertad de la que hablo. No la libertad de hacer lo que quieras, sino la de saber qué quieres antes de hacerlo.
Elegir con consciencia y coherencia
Escucharte es el primer paso. El segundo es elegir desde lo que has escuchado.
Elegir con consciencia es darte cuenta de qué pensamiento hay detrás de cada decisión. Elegir con coherencia es que lo que piensas, lo que sientes y lo que haces vayan en la misma dirección.
Cuando esas tres piezas no encajan, aparece el desgaste. Dices que sí cuando quieres decir que no. Aceptas un ritmo que te vacía porque "es lo que toca". Mantienes una imagen hacia fuera que no se corresponde con lo que vives por dentro.
La coherencia no exige grandes gestos. A veces es tan sencilla como:
decir que no a una reunión que no aporta nada
reservar media hora sin pantallas al final del día
reconocer en voz alta que algo te ha dolido
cambiar un "tengo que" por un "elijo"
Cada una de esas pequeñas elecciones te devuelve un poco de ti.
Un acto revolucionario
Vivimos en una cultura que ha convertido la hiperexigencia en identidad. Estar siempre ocupado se ha vuelto sinónimo de valer. Llegar a todo, de ser suficiente. Y no parar, de ser fuerte.
En ese contexto, detenerte a escucharte va a contracorriente. Es decirle al sistema que tu valor no depende de tu velocidad. Que no eres tu agenda, ni tu cargo, ni tu rendimiento.
Por eso escucharte es mucho más que un gesto de autocuidado. Es un acto revolucionario. No porque haga ruido, sino porque cambia el lugar desde el que decides.
Cuando una persona aprende a escucharse, deja de ser fácil de manipular por la prisa, por la culpa o por las expectativas ajenas. Recupera algo que nadie puede darle desde fuera: el derecho a decidir cómo quiere vivir.
Cómo empezar a escucharte
No necesitas retirarte a una montaña. Basta con crear pequeños espacios de pausa en tu día a día:
Tres respiraciones antes de responder. Antes de contestar un mensaje que te altera, respira tres veces. Ese segundo de distancia ya es una elección.
La pregunta del mediodía. A mitad de la jornada, pregúntate: ¿qué estoy pensando ahora mismo? ¿Qué emoción me está generando?
Nombrar lo que sientes. Ponle nombre a la emoción: cansancio, enfado, miedo, ilusión. Lo que se nombra se puede gestionar.
Revisar un "tengo que". Elige cada día una obligación y pregúntate si es realmente tuya o la has heredado de alguien.
Cinco minutos de silencio al final del día. Sin móvil, sin música, sin tareas. Solo tú y lo que aparezca.
Al principio puede resultar incómodo. Es normal: llevamos años acostumbrando a la mente a no parar. Con la práctica, ese espacio se convierte en un lugar al que apetece volver.
Escúchate: es tu libertad
En un mundo que no se detiene, parar a escucharte es una forma de recuperar tu vida. Es elegir desde dentro en lugar de reaccionar desde fuera. Es vivir de manera consciente y coherente.
Y sí, en los tiempos que corren, eso es revolucionario.
Si quieres dar este paso en compañía de otras personas que también han decidido parar, te espero en la comunidad Academia Itxaso Gurrea en Skool. Allí encontrarás recursos, reflexiones y un espacio para dedicarte ese tiempo que tanto mereces: el tiempo para conocerte y escucharte mejor.
Permítete escucharme. Y, sobre todo, permítete escucharte.