Congraciarte contigo: un acto de valentía Y AMABILIDAD.
Hay una conversación que mantienes todos los días, sin descanso, sin pausa. No es con tu pareja, ni con tu equipo, ni con tus clientes. Es la conversación contigo . Y si te pido que escuches con atención lo que te dices —el tono, las palabras, la exigencia—, probablemente descubras que no te hablas como le hablarías a alguien a quien quieres.
Nos han enseñado a ser excelentes profesionales, líderes comprometidas, madres/ padres presentes, compañeros/as generosos/as. Pero, es probable, nadie te haya enseñado a ser tu mejor amigo/a. Y eso, créeme, es una gran desventaja. Hagas lo que hagas, nunca es del todo suficiente.
El mito de la autoexigencia como motor
Durante años, hemos confundido autoexigencia con compromiso. Nos decimos que si bajamos el listón, si nos permitimos descansar sin haberlo "merecido", si dejamos de empujar, nos quedaremos atrás. Pero la neurociencia nos dice algo muy distinto: el cerebro humano no rinde mejor bajo amenaza constante. Rinde mejor cuando se siente seguro. Y esa seguridad empieza dentro, en cómo nos tratamos.
Congraciarte contigo misma no es complacencia. No es bajar los brazos ni renunciar a tus estándares. Es reconocer que tu mayor recurso —tú— merece el mismo cuidado que le das a todo lo demás.
Lo que significa realmente ser tu mejor amig0/a
Piensa en tu mejor amigo/a. Esa persona a la que llamas cuando todo se complica. ¿Qué hace ella? Te escucha sin juzgarte. Te recuerda lo que vales cuando tú lo has olvidado. Te dice la verdad, sí, pero desde el cariño. Te da permiso para no tenerlo todo resuelto.
Ahora pregúntate: ¿te relacionas así contigo?
Ser tu mejor amigo/a es aprender a mirarte con los ojos con los que miras a las personas que más quieres. Es cambiar el "debería haber hecho más" por un "hice lo que pude con lo que tenía". Es dejar de castigarte por los errores y empezar a aprender de ellos con compasión.
Un ejercicio para hoy: dos preguntas, unos minutos y mucha honestidad
Te propongo algo sencillo. Busca un momento de calma y regálate unos minutos de silencio. Coge papel y bolígrafo y deja que las respuestas lleguen.
Hazte estas dos preguntas:
¿Cómo puedo ser mi mejor amigo/a ?
Quizá la respuesta sea dejar de compararte. Quizá sea permitirte decir “no” sin culpa. O tal vez sea algo tan simple como hablarte con amabilidad cuando las cosas no salen como esperabas. No busques la respuesta perfecta. Busca la respuesta verdadera.
¿Dónde necesito ser más amable conmigo?
¿En tu cuerpo, que siempre recibe la peor parte del estrés? ¿En tus logros, que minimizas antes de que nadie los celebre? ¿En tu descanso, que siempre pones al final de la lista? Identifica ese lugar donde eres más inflexible y pregúntate qué pasaría si aflojaras un poco.
La amabilidad la mejor estrategia
Las personas que mejor lideran su trabajo o su vida, que más impacto generan, que más tiempo mantienen su motivación y su pasión, no son las que más se castigan. Son las que han aprendido a tratarse con la misma inteligencia emocional que aplican a los demás.
Cuando te congracías contigo, no pierdes fuerza. Ganas claridad. Ganas resistencia. Ganas una base sólida desde la que tomar mejores decisiones, más alineadas con quien realmente eres y con lo que realmente quieres construir.
Por lo tanto…
No dejes que este artículo sea solo algo que leíste un día. Haz el ejercicio. Escribe tus respuestas. Y si te atreves, compártelas conmigo. Porque a veces el primer acto de amabilidad hacia ti mismo/a es atreverte a decir en voz alta lo que necesitas.